Análisis de sangre en Ojopeligro

Esta mañana, muy a desgana mía (y eso que lo pedí yo) me ha tocado pasar por el hospital para hacer un análisis de sangre. Muchos ya saben que mi amistad con la sangre no es muy buena, y con los hospitales un poco menos, y ya con las agujas, ni os digo.  Si incluso una vez, una doctora me daba jeringuillas para que practicara en casa pinchando naranjas, para así quitar mi pánico hacia ellas. Quizá hubiera ido bien, pero yo no quería una arma tan peligrosa en casa, además, que ya tenemos exprimidor para hacer el zumo.

El caso es que a las 8 de la mañana ya estábamos puntuales en la puerta del ambulatorio, tan puntuales que aún no habían ni abierto las puertas. Nos acompañaban toda una serie de personas que iban con el mismo propósito, la gran parte de ellas señoras mayores, que en el momento que han abierto las puertas han corrido hasta la puerta donde se hacen las extracciones. Y ya no os digo el miedo que he pasado (además del que ya tenía) cuando ha salido la enfermera a buscar los papeles de las analíticas, el kaos que se ha montado para entregárselo el primero, que eso era peor que el primer día de rebajas.

El caso que la espera, además, se ha echo inaguantable, teniendo que aguantar las conversaciones de esas señoras mayores, que estaban deseando que las pincharan, y que no paraban de provocar el pánico, al menos para mí, con comentarios como “esa enfermera es muy mala, es muy borde”, “a mi la semana pasada me pincharon 5 veces”  y derivados, que hacían que me pusiera más nervioso aún.

Hasta que me han llamado, y bajo la amenaza cachonda de la enfermera (una gran persona y profesional) de que si me mareaba me iba a pegar dos tortas, me ha sacado la sangre en un momento, apenas sin notarlo. Ni apenas me he mareado al levantarme, aunque ahora me duele un poquillo


 

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  1. JuanMi says:

    cuanta razón! jajajajaja

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