Hoy he llegado la conclusión de que no sé hasta qué punto es bueno hacer la siesta, y mira que no es una práctica que suela hacer habitualmente.
Bueno, habitualmente… Ahora. Porqué me acuerdo cuando estaba haciendo el grado superior de alojamiento (del cual ya me puedo considerar técnico superior en gestión de alojamientos turísticos) Que tenía mi propio horario especial de sueño: levantarse a las 5 y media de la mañana, dormir la hora y media en el bus, tapado hasta arriba porqué en pleno invierno nos ponían el aire frío, clases hasta las 14.30, esperar al bus, que como salía a esta misma hora, tenía que esperar al próximo, que era a las 15.15; dormir en el bus de vuelta a casa, siempre y cuando las pesadas de turno no la liaran en el bus, llegar a casa, comer, y dormir. Me ponía a dormir sobre las 5 de la tarde, porqué sino comprobé que cuando eran las 8, caía rendido. Y claro, obviamente, luego por la noche no tenía sueño, y me iba a dormir a la 1 largas, para volverme a levantar a las 5 y media otra vez y empezar esta espiral de destrucción otra vez, a lo largo de 9 meses. Y todo esto combinado con un par de cafés con leche.
Y todo este rollo para deciros que, las cosas, si se hacen, se tienen que hacer bien; es decir: hacer la siesta de todas las horas que os pida el cuerpo. Nada de ponerse la alarma a tal hora, para despertarse… O dormir solo una hora de siesta, porqué lo dicen los médicos y es recomendable y todo el rollo de siempre… Los médicos también recomendaban Actimel, y mira, ¡la mitad de cosas son mentira!
Aunque lo malo es que te despiertes a las 10 de la noche, y luego no tengas sueño, y te duermas a las tantas… Y a la mañana siguiente te levantes a las tantas, y por la tarde vuelvas a hacer siesta, y entres en este bucle infinito que acaba convirtiéndote en vampiro, y sino, ¡al tiempo!
Aunque aún es peor que te levanten… O que te levanten con mala leche, como el vecino con la música a tope, o el que está ensayando con la batería, el piano… Que llamen a la puerta, que llamen al teléfono, que vuelvan a llamar a la puerta, te levantes pensando que será algo urgente o alguien interesante, y es el cartero comercial; que vuelvan a llamar por teléfono, lo cojas pensando que será algo importante o alguien interesante, y sea una operadora ofreciéndote Internet…
Si a este paso, ¡será mejor que no hagamos siesta!
